¡PARA RECORDAR! Los escándalos de las 10 parejas más polémicas de Venezuela

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Hay historiadores que desprecian las individualidades para centrarse en los procesos colectivos. Como si una personalidad fuerte con frecuencia no torciera el curso de los acontecimientos. En realidad, ambos aspectos son importantes y existe una tercera vía: las parejas. Hetero u homo, una pareja es tanto una unión de individualidades como un proceso del que emerge algo nuevo.

¿Quiénes son nuestros equivalentes a Luis XVI y María Antonieta, a Cleopatra y Marco Antonio, a los Reyes Católicos, al papa Alejandro VI y Vannozza Dei Cattanei, a Juan Domingo y Eva Perón, a Frida Kahlo y Diego Rivera, a Brangelina, a John y Yoko, a Bill e Hillary, a J.F. Kennedy y Jackie? En la primera entrega de una serie sobre parejas ilustres, comenzaremos por las polémicas, las que han estado más en el candelero, independientemente de que hayan sido uniones largas o fugaces. Y sin separar lo palaciego de la farándula o las bellas artes: todo lo que hace la humanidad es histórico y político, desde el momento en que vivimos en sociedad y llevamos registro de ello.

Sin orden específico, 10 enlaces excepcionales que arden —para la fascinación o la destrucción— en el imaginario colectivo, con un apartado para unas cuantas menciones de honor.

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Simón Bolívar y Manuela Sáenz, los besos de la historia

De algún modo, la parejísima de la historia local, aunque ella sea ecuatoriana y jamás pasaran de un arrejuntamiento, lo que en cierta forma les convierte en visionarios: según el último censo, ya son más en este país los concubinos que los casados. Como muchas otras de este recuento, esta pareja tuvo mucho de lo que pudo ser y jamás fue. “No hay mujer con su dimensión y grandeza en América en la primera mitad del siglo XIX”, no duda en calificarla el historiador quiteño Hernán Rodríguez Castelo, probablemente su biógrafo más exhaustivo y que ha tratado de alejarse tanto de la hipersexualización que la mitifica como parte del desprecio bolivocéntrico. “Los dos son temperamentales, y en ciertos momentos ella parece tener más lucidez que él, sin olvidar que el que tiene el gran proyecto es Bolívar. Aún despojada de exageraciones y cartas falsificadas, Manuela es un ser extraordinario y una escritora culta con un humor muy fino”, agrega Rodríguez Castelo.

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Lila Morillo y José Luis Rodríguez, romance con rating

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Casados entre 1966 y 1986, de algún modo simbolizaron la integración definitiva de la nación zuliana y la caraqueñidad. Cuesta imaginar un junte con más sex appeal: este hubiera sido el video prohibido más reproducido de la historia de la humanidad. “A mediados de los 60, el hecho de que Lila fuera algunos años mayor que José Luis se convirtió en la comidilla desde que se hizo pública la relación amorosa entre ambos. Después Amador Bendayán, a través de Sábado Sensacional, se encargó de que el país siguiera los pasos de una familia que resultaba ejemplar, incluso cuando decidió estrechar su vínculo con Jesucristo. Sin embargo, al cabo de un par de décadas, el hogar se derrumbó y el divorcio de las estrellas es recordado como el más mediático del ambiente artístico nacional. Ella es una mujer rating y él un ídolo continental, por lo que los intentos de la diva zuliana por mantener abierto el capítulo de una historia que finalizó hace años se vuelven efectivos, aunque parezca contradictorio que haya interés colectivo por una pareja que, en realidad, está integrada por fantasmas del pasado”, les disecciona el periodista especializado en espectáculos Orlando Suárez.

 

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Hugo Chávez y Marisabel Rodríguez, mal querer

Cuesta hablar de la mujer de la vida del Darth Vader de la historia contemporánea venezolana: después de todo estuvo casado un par de veces, además de otras relaciones importantes, y le rodeaba cierta leyenda de toro irresistible, si hacemos caso a Naomi Campbell. Sin embargo, la rubia y dubitativa locutora larense —redactora de la Constitución de 1999 y primera dama, que no combatiente, hasta 2004— quedará como la más recordada para el gran público. “Una pareja más, a pesar de la desproporción entre él y una esposa que, en cierto modo, en vez de protagonista fue testigo irregular del poder. Como cualquier otro testigo de tiempo prologado, es probable que haya estado a veces cerca y otras a distancia considerable. En todo testigo subyace una derrota: siempre hay algo que se le escapa. El testigo es eso: alguien que no posee, que no toca al poderoso. En este caso, un poderoso prendado de su espejo. Un fanático de sí mismo, rodeado de ocasionales, de testigos, de seres misceláneos. Lo vimos en público una y otra vez: se entretenía con la fragilidad de todos los que le rodeaban. Los mantenía en vilo: nada le resultaba más que la vulnerabilidad del prójimo. ¿Era distinto el hombre público del hombre en privado? La pregunta me remite a un aforismo que acecha en un cuento de John Cheever: el maltratador de oficio no tiene dos caras: ejerce en el anverso y en el reverso”, se aventura el periodista Nelson Rivera, en algún momento asesor comunicacional de la que todavía parece afectada por un despecho inconsolable tras un salto en falso de talanquera.

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Jean Carlo Simancas y Maye Brandt, poco duró

Al matrimonio casi clandestino de un galán de galanes y una Miss Venezuela —la de 1980— le bastó poco más de un año de existencia para pasar a la inmortalidad sobre las alas de un suicidio todavía incomprensible. “Algo te puedo asegurar: ese carajo estaba bien enamorado. Jean Carlo fue uno antes y otro después: más nunca ha podido tener una relación estable. Maye era una morena impresionante de ojos verde oliva, muy graciosa, groseramente divertida, muy zumbada y echada pa’lante. Se mató un sábado y el lunes salía su catálogo nuevo de trajes de baño: recién regresaba del Miss Universo que ganó Irene Sáez. Todo estuvo muy cerca. ¿Qué la llevó exactamente a ese estado de depresión? Todavía no lo sé. Tenía una mamá que la maltrataba y la madrastra una vez le lanzó todas sus cosas por el balcón. María Conchita Alonso, que se proclamaba primero sábado que domingo en el corazón de Jean Carlos, dio una larga entrevista en la que la llamó ‘mamón macho’ por sus dificultades para quedar embarazada. Ella tenía un tío médico que era una eminencia de la fertilización y ponía a parir hasta a un palo, pero la condición de asma cardíaca de Maye había imposibilitado el tratamiento médico. Estoy segura de que era un tema de tener paciencia pero quizás le ganó la desesperación. Aún recuerdo a Jean Carlos balbuceándome en el funeral: ‘Yo la pude haber salvado”, rememora la periodista Elba Guillén, que vivió los acontecimientos en primerísima fila.

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Jaime Lusinchi y Blanca Ibáñez, cariño de trepadora

“La mayor perversión política e institucional de que se tenga noticia histórica en Venezuela”, llegó a calificar a los adúlteros el editor José Agustín Catalá en su dossier de prensa Blanca Ibáñez y las miserias del poder. “A Lusinchi, hijo natural con tres carreras y una familia establecida, lo atravesó una flecha de amor desgarradora. Le dispararon duro y curvero. La flecha no sé si tenía veneno en la punta, pero ese sentimiento fue doloroso, le produjo guayabos intensos, fue su debilidad. Llegó, siendo presidente, a irse a New York despechado porque Blanca debió dejarlo a un lado en algún momento: hasta se casa de embustes con un señor Behrens. Fuerte de talante y compacta de presentación, se asomó en su vida para cambiársela. Fue su secretaria privada y logró que el término cambiara de sentido. Amante. O barragana como le dijo públicamente el compañero de partido, Luis Piñerúa Ordaz. Esa relación fue un dolor de cabeza nacional. La gente la seguía como una telenovela, segura de que era una certeza, pero acaso esperando el beso público, que se besen, que se besen, para confirmar la especie. Ella se vestía de traje militar, la tela verde de camuflaje, para camuflarse de aguerrida solucionadora de entuertos y así estuvo de primera dando la cara cuando se desbordó el río Limón. Fue una presencia inevitable, con sus peinados enlacados y sus zarcillos dorados. Los años 80 desprestigiaron el dorado. Es que de veras tenía poder la doña. Amor y poder, cero discreción en el proceder político público”, la recuerda la periodista Faitha Namens.

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Henrique Capriles Radonski y Érika de la Vega, idilio frustrado

Recordarlos casi da ganas de llorar. Pudo haber sido la pareja presidencial soñada: el opositor joven y preparado que ha sucumbido en dos elecciones ante la maquinaria del chavismo —¿personificación de una generación perdida? — y la bella de la TV con una inusual capacidad para reírse de sí misma. Entonaron el somos novios durante seis años y el gobernador de Miranda le confesó a Leonardo Padrón que ha sido la mujer más importante de su vida. “Representan un pasado que hoy parece idílico: una Venezuela donde un joven político con un porvenir amplio como la llanura y una inteligente y carismática animadora podían ir del altar a Miraflores. Era fácil proyectar en ellos la fantasía de una pareja moderna y telegénica al timón del país. El laberinto del poder fue cruel con ese cuento de hadas, y demasiados otros. De la Vega nunca llegó al altar y Miraflores ha evadido, hasta ahora, a Capriles Radonski. Sin embargo, la realidad todavía no ha derrotado al sueño. Hay parejas que siguen soñando con Miraflores y el país no ha dejado de soñar con cuentos de hadas”, les glosa el periodista Boris Muñoz, que a pesar de haber estado cerca del dirigente de Primero Justicia, le sigue considerando un desconocido en cuanto a su vida afectiva.

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Nicolás Maduro y Cilia Flores, amor corrupto

Además de patentar el inédito título nobiliario de “primera combatiente” y de azotar al territorio patrio con una catástrofe mucho peor que cualquier sismo, vaguada o tsunami, paradójicamente pasarán a la historia como una de las parejas presidenciales oficiales más equilibradas, en el único sentido de que ninguno opaca demasiado al otro. “Aunque sin el sex appeal de los originales shakespereanos, Nicolás Maduro es un Macbeth de cuarto acto, confrontado a las enigmáticas revelaciones de las brujas; un Macbeth fofo y grandullón que nunca calzó el metal del combate. Su esposa tal vez no cumpla del todo con el papel de la Lady subyugante que hace del hombre su instrumento. Se deja ver sobre todo como su pareja de baile”, les calza como arquetipos el guionista y escritor Armando Coll. “La pareja presidencial más estrambótica, tóxica y nociva que ha tenido Venezuela. Un matrimonio de conveniencia, cuyo único interés es aprovechar la riqueza del país para su propio beneficio y la de su entorno familiar. Han hundido al país en el pantano y la miseria y la historia los condenará más temprano que tarde”, asesta la corresponsal del diario español ABC, Ludmila Vinogradoff.

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Carlos Andrés Pérez y Cecilia Matos, hasta la eternidad

A diferencia de Jaime y Blanca —que como van las cosas, tarde o temprano pasarán también al culto de los nostálgicos—, dos amantes que hoy despiertan más bien ternura. “‘Me costó mucho tenerlo y ahora que vive conmigo no lo voy a perder’, fue la única expresión que le escuché a Cecilia sobre su relación con Pérez. El ex presidente vivía con ella en Miami y trataba de aceptar y sobrevivir con las secuelas que le había dejado el accidente cerebrovascular de 2003, tanto en el aspecto motriz como de lenguaje. Su lucidez, su mirada y su seguridad eran las mismas de los viejos tiempos. Me tocó acompañarlos varias veces y ser convidado de piedra de sus conversaciones, y del amor y respeto que se profesaban, también de nimios desacuerdos, cómo qué carro era más bonito. Matos lo cuidaba, le enderezaba la corbata, lo peinaba, le daba un pañuelo y lo piropeaba de lo bien que le quedaba la camisa. Eran dos personas que compartían con entereza la adversidad del exilio social y político. Son muchas las trampas, críticas, intrigas y calumnias que merodean a quienes sirven de buena fe a su país. Pérez dijo una vez que si lo veían rico que lo llamaran ladrón. Murió pobre, también Cecilia”, dictamina Ramón Hernández, biógrafo del presidente defenestrado antes que apuntalado por un tribunal supremo.

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Sofía Imber y Carlos Rangel, sin demostraciones de afecto

¿Influyentes sin que necesariamente hayan pisado Miraflores? He aquí un par de dos. “La primera gran pareja mediática de Venezuela”, según Diego Arroyo Gil, autor de La señora Imber: genio y figura sobre la fundadora del hoy postrado Museo de Arte Contemporáneo de Caracas que siempre será más recordado como MACCSI que como MACC. “Durante 20 años presentaron el programa de opinión más visto de la televisión nacional, Buenos Días. La fórmula perfecta para la polémica: Sofía incisiva y terminante —todo el mundo le temía—, Carlos sereno y reflexivo. Quien tenía algo que decir, estaba allí. Quien no, también, y quedaba en evidencia. En enero de 1988 Carlos decidió quitarse la vida un jueves por la tarde. Para sorpresa de todos, el lunes siguiente Sofía hizo ella sola el programa que hasta entonces había sido de los dos. El país entero se quedó estupefacto ante aquel gesto que confirmaba la presencia de una mujer imbatible. Como siempre en su caso, Sofía no se detuvo a explicar a qué se debía semejante comportamiento. Solo ahora, varias décadas después, lo ha dicho: ‘Hice lo que Carlos habría querido que yo hiciera’. Buenos Días se mantuvo al aire durante siete años más, hasta 1992, y durante ese periodo, aunque Carlos no estaba, todo el mundo sabía que Sofía era su mujer. Salía del aire el programa en el que durante demasiados años una pareja extraordinaria les había advertido a los venezolanos que Fidel Castro era un criminal y que el comunismo es una mierda”, agrega Arroyo Gil.

 

Leopoldo López y Lilian Tintori, a pesar de todo

Él, aunque sólo esté presente en las calles como un Cristo barbudo en un póster, sigue conduciendo desde su presidio mandeliano a la masa de la oposición que no cede a pactos leoninos. Ella, emergida de un reality show en una isla que no era precisamente Robben Island, literalmente desnuda hasta el alma su menudo cuerpecillo —flexible como el bambú gracias al yoga— en cada peregrinación a Ramo Verde. No les hacen falta visitas conyugales para haberse convertido en símbolo de tragedia y también de esperanza. “Escenifican por fuerza una historia de amor cortés, despojados de la vida marital, desgarrada su intimidad por el fierro de la cárcel. Solo hay una variante respecto al arquetipo medieval: es él quien permanece cautivo en una torre y ella la que enuncia la pasión al pie de la fortaleza; inversión de roles muy en boga”, les trova Armando Coll. “Les unió la actividad deportiva y la energía. Él le pidió que, si le daba el sí como esposa, también tenía que casarse con Venezuela. Pareciera que ella es la que va a darle esperanzas a él en la cárcel, pero más bien sale fortalecida luego de las visitas”, comenta Estefanía Parra, relacionista internacional de Voluntad Popular.

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Muchos quedan por fuera: Rafael Ramírez y Beatrice Sansó, ex todopoderoso presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA) relegado a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y otrora dueña y señora de la hacienda La Estancia; José Vicente Rangel y la escultora Ana Ávalos; Roxana Díaz y Jorge Reyes, protagonistas del video erótico más candente y pedagógico de la pacata farándula criolla; todo un duelo de titanes de la cultura como el del dramaturgo José Ignacio Cabrujas y la directora musical Isabel Palacios —“se estaban juntando las dos más grandes colecciones de ópera de Latinoamérica”, en palabras de Isaac Chocrón—; Catherine Fulop y Fernando Carrillo, quizá más memorables dentro del encuadre televisivo que en su universo exterior; Felipe Pirela y Mariela Montiel, el matrimonio de hombre y niña que precipitó el descenso al averno del bolerista; Billo Frómeta y Haydeé Grillo, que sobrevivieron a un encarcelamiento por bigamia. Ya llegará el tiempo de hablar de ellos y de las parejas constructoras de país.

Fuente: El estimulo

Al mejor estilo de las telenovelas!! Dejanos tus comentarios




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